sábado, 12 de fevereiro de 2011

Piratería, problema global

Por Tatiana Martínez Hernández (Prensa-Latina)*

La piratería del siglo XXI trascendió de fenómeno local a problema global y se convirtió en una amenaza para la navegación en el mundo, aunque muchos apuestan por una solución que incluya menguar sus orígenes.

Basta un solo ejemplo para demostrar que es un hecho que interconecta al orden internacional imperante en lo económico, lo político y lo militar. La noticia de un secuestro es una muestra de la globalización en alta mar.

Casi ningún gobierno escapa a este flagelo sancionado en las leyes del derecho internacional y realmente peligroso, no solo para el comercio mundial, sino también para la estabilidad, la paz, la seguridad y la soberanía de las naciones.

Por el golfo de Adén, estratégico corredor naval del este africano, y en sus mares adyacentes, patrullan buques de guerra de la OTAN, la Unión Europea (UE), Estados Unidos, Rusia, China, Japón y otros países.

Sin embargo, continúan los atracos a barcos y se extiende cada vez más el radio de acción que comprende casi todo el Océano Índico, cerca de Madagascar; en el golfo de Omán, Yemen, islas Comoras, Maldivas, mar Rojo, y costas de Kenya, Tanzania y Seychelles.

Un informe de la Oficina Marítima Internacional (OMI) señala que en 2010 fueron secuestradas 53 embarcaciones y mil 181 personas tomadas como rehenes.

Los ataques de piratas se incrementaron en un 10 por ciento con respecto a 2009, al registrarse 445 intentos de abordajes, de los cuales alrededor del 92 por ciento se realizaron cercanos a las costas de Somalia.

También se reportó un aumento en los ataques perpetrados en el mar al sur de China y cerca de las costas de Indonesia, Nigeria y Bangladesh, destaca el texto.

Otros puntos donde se realizan estas fechorías en el mundo son Guinea Conakry, estrecho de Malaca, mayormente en Malasia; estrecho de Singapur, Haití, Perú y Brasil.

Los criterios difieren acerca de los descendientes de los míticos personajes de pata de palo, parche en un ojo, garfio en la mano, boina con calavera y loro en el hombro, típicos en los siglos XV al XIII.

Aquellos, con cierto honor y temida fama tenían sus propias leyes, respetadas por sus miembros y repartían entre todos el botín sustraído de buques con cargamento de gran valía.

Al estilo maquiavélico de que el fin justifica los medios, los personajes que inspiraron libros y filmes también utilizaron la violencia, como los actuales filibusteros.

Tres siglos después, muchas son las cosas que los grandes medios de prensa ocultan sobre los orígenes de los atracos de barcos, sobre todo en el caso de los piratas somalíes.

En Somalia, país más pobre y deshecho africano, lo que comenzó como una acción de autodefensa de sus aguas jurisdiccionales se ha convertido en un negocio lucrativo controlado por mafias mundiales y amparado por algunos gobiernos.

El ugandés Joseph Katende, secretario regional para África de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF), asegura que los atracadores están al servicio de hombres de negocios.

Estos últimos tienen las conexiones con las personas que hacen el trabajo de inteligencia en Europa y Asia.

Son redes internacionales con gente infiltrada en las industrias, puertos, aduanas, instituciones financieras y hasta en algunos gobiernos, precisa el secretario mundial de la Sección de Gente de mar de la ITF, Jon Whitlow.

También, Soha Abboud Haggar, experta egipcia en estudios árabes e islámicos y docente de la Universidad Complutense de Madrid, considera que la piratería surgió motivada por la pobreza somalí, pero se han conformado mafias que tienen el único propósito de lucrar.

Los piratas exigen al menos cinco millones de dólares por cada rescate y las cuentas son depositadas en bancos europeos. ¿Quién dirige y controla estas acciones?

¿Dónde esconden los barcos secuestrados que no son vistos por las potentes y sofisticadas flotas de la Unión Europea (Atalanta), de Estados Unidos y los demás estados que patrullan esa vasta zona marítima?

El petrolero más grande del mundo (MV Sirius Star), con 330 metros de longitud y capacidad para almacenar 2 millones 200 mil barriles de crudo fue capturado en noviembre de 2008 y dos meses antes, el MV Faina con una enorme carga de armamentos.

Con bandera de Liberia navegaba el Sirius Star, propiedad de Vela Internacional Marine, subsidiaria de la petrolera estatal Saudi Aramco, asentada en los Emiratos Árabes Unidos, el cual había partido de Arabia Saudita con destino a Estados Unidos.

Fueron rehenes de los piratas durante varios meses sus 25 tripulantes (19 filipinos, dos británicos, dos polacos, un croata y un saudí).

En tanto, el carguero ucraniano Faina, con armas pesadas, según la prensa de entonces, fue detenido con sus 21 tripulantes (17 ucranianos, tres rusos y un letonio).

Mucha tela hay por donde cortar todavía sobre este fenómeno que causó controversias en la prensa a partir de su despegue en 2008 en el caso somalí.

En ese país del cuerno africano reina la ingobernabilidad y el caos. Allí existe la peor situación humanitaria, según Naciones Unidas, al confluir la guerra, la sequía extrema, la hambruna, y millones de personas pasan a las filas de desplazados y refugiados.

Muchos jóvenes que escapan del fuego cruzado entre extremistas islámicos y el gobierno, se convierten en piratas, lo que cada día gana más adeptos.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, llamó en días recientes a enfrentar ese problema con una estrategia que incluya la disuasión, la seguridad, la legalidad y el desarrollo. Según el Consejo de Seguridad del ente internacional, el enfrentamiento a ese delito cuesta unos siete mil millones de dólares cada año.

Pero muy poco se hizo para detener la pesca ilegal en la zona económica exclusiva somalí (ZEE), lo cual impide el ingreso anual de más de 300 millones de dólares, hecho denunciado reiteradamente por sus autoridades.

Las aguas jurisdiccionales son violadas por barcos que pescan sin licencias y se roban las especies marinas, casi el único sustento de la población allí.

También en las aguas territoriales se vertían desechos tóxicos de las grandes industrias europeas y material nuclear, según constató el enviado de Naciones Unidas a Somalia, Ahmedou Ould-Abdallah.

Más de 300 personas murieron víctimas de las radiaciones nucleares. Al principio, la población costera comenzó con extrañas erupciones, nauseas, y nacieron niños malformados, afirmó el analista Johann Hari en un artículo publicado en el sitio Rebelión.

Algunos pescadores comenzaron a tratar de disuadir a los ilegales que violaban su ZEE, registrada en convenios internacionales de la ONU, y se llamaron a sí mismos los guardacostas voluntarios de Somalia.

El coordinador para África Oriental del Programa de Asistencia a Marinos, Andrew Mwangura, reconoció que se trata del perfecto ejemplo de las causas originales de la piratería en Somalia.

Mientras los barcos extranjeros pescan de forma ilegal, a falta de otras oportunidades, los pescadores somalíes acaban convirtiéndose en piratas, precisó Mwangura.

Por su parte, el analista somalí Abdulkadir Salad Elmi, en un artículo publicado en el sitio africaneando, aseguró que los verdaderos piratas en Somalia son Washington, París y Oslo.

Las reservas potenciales de petróleo y los recursos pesqueros son los resortes que mueven a estas potencias y a otros actores como la UE y la OMI para un restablecimiento de la ZEE, considera Salad Elmi.

De ninguna manera la delincuencia marítima cometida por los somalíes puede ser exterminada por una armada naval que viole los derechos y la soberanía de su pueblo para crear nuevas injusticias, sentencia.

El fenómeno ha estallado en un conflicto global de fatales consecuencias y la sensatez indica que debe eliminarse con medidas integrales que incluyan paliar la extrema pobreza del mundo.

Fonte: http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=263150&Itemid=1 (11/02/2011)

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